Si se ve luz, hay conducto.

Paciente masculino, remitido a consulta para valoración de tratamiento de conductos y cirugía perirradicular.

A las prueba de frío da negativo en dientes 33-42, percusión positiva, sondaje fisiológico y sin movilidad. En este momento no presenta tumefacción alguna y la palpación a fondo de vestíbulo es normal, pero el paciente cuenta haber tenido que visitar dos veces el servicio de urgencias de su zona, realizándole un drenaje de la zona tumefacta (área mentoniana).

Después de haber acudido a su centro de salud para revisión del caso, se le hace una radiografía panorámica y es remitido a mi consulta, extrayendo de la historia clínica un traumatismo de larga evolución en el sector anteroinferior. Se le realiza un TAC para valorar la extensión de la lesión, que refleja un área amplia pero sin perforación de corticales.

Establecemos un plan de tratamiento que incluye el tratamiento de conductos de los dientes 33-42, y la posterior revisión a los 6 meses, 1 y 2 años. Posiblemente necesitará cirugía periapical y regeneración ósea, decisión que tomaremos en función de la evolución del caso.

La dificultad del caso estriba en la calcificación de la luz del conducto de todos y cada uno de los dientes, localizándose la luz del 32 más profunda, con el consiguiente debilitamiento de las paredes y peor pronóstico de este diente.

Una de las maneras de saber si una vez la lima se encuentra en un conducto calcificado o en una perforación (delimitada por tejido blando), es el movimiento tipo diapasón que realiza la lima al moverla, tal y como aparece en el vídeo.

abril 10, 2016

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